La ciudad sucia

El fanzine colombiano Cabeza de rata, de PRODUCCIONES EL PORNÓGRAFO POESÍA, ha dedicado su flamante número al tema “la ciudad sucia”. Acá les comparto los haikus que me incluyeron en dicha edición.

Nubes de ocaso.
El viejo aparta latas
de la basura.

Un rastro, cagajones
de caballo, delante
del ómnibus.

Al vómito
del perro de la vieja,
ríen los pasajeros.

La esquina
a oscuras: dos palomas
sin cabezas.

De largo pasó un viejo
en la madrugada:
tabaco malo.

Sobre cartones
duermen dos panaderos.
Portal de esquina.

Un gato a prisa
por el callejón, otro
detrás, cojeando.

Dos golpecitos
da un travesti en el tronco
de una ceiba.

PRODUCCIONES EL PORNÓGRAFO POESÍA
https://www.facebook.com/El-Porn%C3%B3grafo-1266734556756728/

Foto de Juan Suárez

Litoral

Antes no bajé desarmado de músicas. Ensordecido por los audífonos, me perdía la voz del océano, articulada en olas y en piedras, en viento, en pájaros, en alguna gente. La sola bahía una garganta salada: rumor. Esta debió ser la música segunda de la Creación, la inmediata al silencio.

Auras tiñosas
en las rocas, pelícanos
sobre las aguas.

En silencio, los pollos blancos, negros, muertos en la piedra golpeada por las olas. Los rastros dispersos, desechados, de toda materia civilizada. La baja floresta, muda al toque del viento. Los pescadores si solitarios. Las lanchas y los barcos en lo distante. Yo, que bajo a encarar, a aspirar, lo extenso marino, la ciudad a mis espaldas.

No hay un pelícano
que levante vuelo.
Mar de la mañana.

La ciudad haciéndose oír en los devotos cargados de ofrendas, casi nunca a solas, nunca silenciosos. De paso. Diciéndole a la bahía su jerga fervorosa: rumor contra rumor. Soltándole su carga desangrada. Se gritan, si camaradas, los pescadores. De la autopista, los motores de ómnibus, camiones, autos: inevitable que miren los de a bordo al fragmento costero antes de perderse en el túnel. Un respiro visual.

Llegar tan cerca
de las auras posadas,
pisando rocas.

Respiro con las músicas que cargo, atenúan el paso por la superficie ciudadana. Bajaba sin zafarme los audífonos. A encarar, a aspirar, lo extenso marino. La ciudad a mis espaldas. Callado ante la sola voz del océano. Su garganta salada. La música segunda de la Creación, la inmediata al silencio. Sin palabra que pensar, ni que decir, delante del primero de los sonidos.

Los dejo con Yusa, instrumentista y cantante, en el tema Mares de inocencia: https://www.youtube.com/watch?v=zHWLrZ89dR0

Foto de Rosali Ledesma Peña

 

 

Pedro Juan Gutiérrez: haibun (I)

Vuelve un habitual a la luz reflejada. Lo seguirá siendo: les quiero compartir unos poemas en forma de haibun procedentes de su libro Arrastrando hojas secas hacia la oscuridad; el título adelanta cuánto del espíritu oriental, del zen y del tao, atraviesa esta colección de poesía en prosa, donde no faltan referencias al haiku. Me pregunto cómo arribó Gutiérrez al haibun, si intuitivamente, mediante sus lecturas del zen y los poetas clásicos nipones, o si escribió con plena conciencia de este género tan antiguo como el haiku. Acá les dejo la primera entrega.

Sábado por la noche

El mar ruge, condenado en el infinito, como siempre en invierno. Lanza sobre la avenida toneladas de agua, espuma, algas. Un perro perdido me sigue por las calles oscuras y cochambrosas. Y mira tristemente a mis ojos. Como si intentara decir algo. Mujeres y muchachos jóvenes y hermosos caminan en busca de dinero y sexo. Intentan escapar de la miseria y de sí mismos. La luna nueva sugiere un haikú. Aquí es difícil lograr la geometría impecable del verso mientras la ciudad se estremece y sigue derrumbándose. Intento no ser patético. Sin quejas. Sin enjuiciar. Y escribo:

Luna nueva
espuma del mar.
Ciudad en tinieblas.

Les propongo oír a Erik Satie, compositor referido en Arrastrando hojas secas hacia la oscuridad, con el primero de sus Embriones desechables, que nuestro autor cita en otro poema de otro de sus libros. Al piano, al parecer, el propio Satie: https://www.youtube.com/watch?v=4p7c73koKxo

Mithistórima, de Yorgos Seferis (fragmentos)


Hace un tiempo les compartí una selección poética de este inmenso autor griego, inspirada en el espíritu clásico japonés. Hoy regresa al blog con fragmentos de su poema Mithistórima, traducido por Ramón Irigoyen para el libro Mithistórima y otros poemas, de Ediciones Orbis de Barcelona, en 1986.

XI
Como la luna se helaba tu sangre algunas veces
tu sangre en la insondable noche desplegaba
sus blancas alas sobre las rocas negras
sobre las casas y las figuras de los árboles
con una escasa luz de nuestros años niños.

XIV
Tres palomas rojas en la luz
grabando en la luz nuestro destino
con colores y gestos de personas
que amábamos.

XVIII
Lamento haber dejado pasar un río ancho entre mis dedos
sin beber ni una gota.
Ahora me hundo en la piedra.
Un pino pequeño sobre la tierra roja,
mi única compañía.
Lo que amé se ha perdido con las casas
que estando nuevas el verano último
se hundieron con el viento del otoño.

XIX
Por más que sopla el viento no nos da frescura
y bajo los cipreses la sombra sigue estrecha
y en torno sólo hay montes escarpados.

Nos cargan los amigos
que no saben ya cómo morir.

Nana Mouskouri, otra vez por acá, oigámosla en Fidaki: https://www.youtube.com/watch?v=en_d6fCHI3o