Colisión a babor

Ya te vas tú.

Serán verdes los sauces,

largo el camino.

Buson (Traducción de Antonio Cabezas)

Volviste, Muñequita: inesperada, impensadamente, del más allá a espaldas del mar septentrional, del tiempo ido. Años sin saborear tu locución, yo, siempre en tu sintonía, radial o telefónica, antes y ayer. Mi sangre despertando al reconocer tu nombre en tu dicción, y mi piel, oyéndote nombrarme.

Volviste y encaro al domingo, parto al clima incierto, al reencuentro en la rampa de nuestra cita original, una de todas las madrugadas en que contabas estrellas en la FM. Tu voz frente a mi voz, sin micrófonos ni ondas hercianas, sin líneas ni teléfonos mediando entre nuestras vigilias. Tus versos, mi prosa, letras escritas a mano en las páginas de libretas y agendas, nuestros rumbos por opuestos extremos de la ciudad común, aquel y este, desde y hacia los rincones de nuestras vidas.    

Volviste y avanzo en el ómnibus de entonces, atravieso la distancia de entonces, hasta ti, que llegas del más allá a espaldas del mar septentrional, del tiempo ido.

Lloviendo al anochecer:

dos turistas andan de la mano.

Y correré por la rampa de nuestra cita original, asaltada por las aguas, el viento a la contra, y te sabré Una entre esa gente guarecida, escalones mediarán entre el dolor que traerás, Muñequita, y mi dolor insular. Y te abrazaré, me abrazarás, Muñequita, y tendremos la cerveza que antes no bebimos, el café pendiente, al aire acondicionado, sin mojarnos más. Alguien doliéndote dentro y fuera de las entrañas cortadas, abonadas para su riego estéril. Tú, doliéndome en los versos en la pantalla del móvil, en la decisión definitiva a tomar, o no, por alguien.   

Anochece:

 detrás de un andamio

el Cristo bajo el aguacero.

¿A quién da la espalda el mar septentrional: ¿te la da a ti, me la da a mí? ¿O son dos sus espaldas, enfrentándonos, o son dos sus caras, enfrentándonos? ¿O son, o seremos, dos mares, enfrentándonos? Que solo es para mí un mar septentrional, del cual tú siempre vuelves, Muñequita, del cual, Muñequita, tú volverás siempre. Yéndote casi de inmediato con y en pos de tu dolor. Sin despedidas. Yo, siempre en tu sintonía, radial o telefónica, internauta, antes y ayer, hoy: mi dolor insular. Mi sangre despertando al abrir tu email, y mi piel, viendo tu like en Facebook. Nuestros rumbos por opuestos extremos, ciudades distantes, distanciadas, aquella y esta, desde y hacia los rincones de nuestras vidas. 

Regresa Estudio Coral de Buenos Aires, dirigido por Carlos López Puccio, en My Love Dwelt in a Norther Land https://www.youtube.com/watch?v=C0w0Hg287zk

Modigliani: René the blonde 

Desde mi ventana, de Lázaro Alfonso Díaz Cala

11 de abril de 2016

No canta el gallo.

Al timbrar el reloj

despierta el gato.

Hoy decido tomar el café parado tras la ventana. No porque haya frío; no porque esté lloviendo; es una decisión simple: no tengo deseos de mostrarme a la ciudad. Desde mi ventana puedo ver las mismas casas, las mismas luces, las apenas perceptibles estrellas que permite observar la madrugada citadina, la misma calle desierta. Desde aquí mis pupilas se adueñan de la ciudad sin que ella pueda hacerlo de mí.

Segundo timbre.

El olor de la piscuala

cubre el portal.

Ayer hubiese sido el cumpleaños ochenta y cinco de mi madre. Como fue tradición, estaríamos reunidos mis hijas, mi padre, mi esposa, el gato, ella y yo: toda la familia. Hubiésemos comido arroz, frijoles negros, carne asada, ensalada, cake, tomado refresco, cerveza, ron o vino, pero el día apenas transcurrió con cinco girasoles en una jarra con agua, una vela encendida, su foto junto a la de su eterno compañero ─aquí y allá, unidos hasta la  eternidad─, y mi pensamiento.

Ochenta y cinco años… ¿Cuántos gozados y cuántos sufridos? Niñez descalza y medio desnuda, corriendo por los caminos de tierra de La Vigía, almorzando y cenando harina de maíz, boniato y malanga. Adolescencia de sueños. Juventud de amar a mi padre, intentos por crear la vida soñada, con muchos niños corriendo por la casa. Adultez de llanto, pérdida del primer hijo y yo…

Estoy seguro no haber sido el hijo ejemplar, así como tampoco el padre o esposo exigido; solo convencido de haber hecho cuanto he sido capaz o mejor, cuanto he sabido hacer en cada ocasión.Ahora, por ejemplo, terminaré el café y abandonaré la ventana. Aunque no lo desee, el día espera por mí.

 

Fuente:  Ya comienza el otoño. Lázaro Alfonso Díaz Cala y Aida Elizabeth Montanarro Torres. Editorial Primigenios, Miami, 2021.

 

Más haibun de Lázaro:

Lázaro Alfonso Díaz Cala II (haibun)

Lázaro Alfonso Díaz Cala IV (haibun)

Recibamos a Bersuit Vergarabat, con Madre Hay Una Sola: https://www.youtube.com/watch?v=NpZUlfWpUP8 

Chagall: View from a Window.

Haibun, de Idalberto Tamayo

Aunque soy un anciano tengo el hábito de correr quince kilómetros durante tres días de cada semana.

Vivo en una zona apacible de West Palm Beach donde abundan los bosques y lagos. El ir y venir de los vehículos por las amplias avenidas no desvía mi atención de la naturaleza la cual, mientras corro, voy disfrutando a pesar del sudor y el calor.

Tarde de domingo

A ambos lados de la calle

las arboledas

Recibamos desde Miami a PALO!, con su temazo Al Monte: https://www.youtube.com/watch?v=T2JnyCuAQMg

Foto de Idalberto Tamayo

 

Otoño, de Lázaro Orihuela Martínez

Son casi las 5 de la tarde. Hace más de media hora que el cielo se ha vuelto grisáceo con varias nubes. Las rachas de viento arrastran hacia el oeste algunas hojas caídas, por toda la calle. Entre carro y carro, la algarabía de los gorriones que juegan a no sé qué entre el follaje del flamboyán amarillo de la esquina. Entre ruido y ruido, a veces voces, a veces cantos, a veces ecos de otros ruidos. La pintura cuarteada de las casas abre paso al moho. Una pared, una ciudad cuarteada. Recuerdo a mi madre implorándome que no hable de política en público. A cada lado de la calle parterres con algunos árboles talados. Hoy no he escuchado el chillido de un pequeño bando de cotorras que da vueltas por esta zona. La hierba florece, y el flamboyán de la esquina. El otoño en La Habana es también verano y primavera. Alguien dijo que Cuba es un eterno verano. Aumenta el ruido de una retroscabadora, como en el haiku de Nichigushi Sachiko. No llueve.

Atardecer.

El viento entrelaza

las hojas secas

de un cocotero.

Bienvenido Carlos Varela, siempre, hoy con Enigma del árbol: https://www.youtube.com/watch?v=tHxrtNCvYUA

 

Haikus en Taller Igitur

Viajando solo.
 
Ni una luz de las lanchas
 
de pescadores.
 

La revista literaria mexicana Taller Igitur dedicó espacio, recientemente, a una selección de mis haikus incluidos en un libro inédito. Mi gratitud a Roxana Dávila Peña por su gentileza de incluirme en el apartado Formas breves de la poesía japonesa.  Acá el enlace: https://tallerigitur.com/poesia/formas-breves-de-la-poesia-japonesa-lester-flores-lopez-cuba/7865/ 

Convoco a Vangelis con West Across The Ocean Sea: https://www.youtube.com/watch?v=ySlb5tds9Eg 

Hippolyte Garneray: aguatinta del puerto y de la villa de La Habana, primer tercio del siglo XIX.