Otoño, de Lázaro Orihuela Martínez

Son casi las 5 de la tarde. Hace más de media hora que el cielo se ha vuelto grisáceo con varias nubes. Las rachas de viento arrastran hacia el oeste algunas hojas caídas, por toda la calle. Entre carro y carro, la algarabía de los gorriones que juegan a no sé qué entre el follaje del flamboyán amarillo de la esquina. Entre ruido y ruido, a veces voces, a veces cantos, a veces ecos de otros ruidos. La pintura cuarteada de las casas abre paso al moho. Una pared, una ciudad cuarteada. Recuerdo a mi madre implorándome que no hable de política en público. A cada lado de la calle parterres con algunos árboles talados. Hoy no he escuchado el chillido de un pequeño bando de cotorras que da vueltas por esta zona. La hierba florece, y el flamboyán de la esquina. El otoño en La Habana es también verano y primavera. Alguien dijo que Cuba es un eterno verano. Aumenta el ruido de una retroscabadora, como en el haiku de Nichigushi Sachiko. No llueve.

Atardecer.

El viento entrelaza

las hojas secas

de un cocotero.

Bienvenido Carlos Varela, siempre, hoy con Enigma del árbol: https://www.youtube.com/watch?v=tHxrtNCvYUA

 

2 respuestas a «Otoño, de Lázaro Orihuela Martínez»

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